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Título Original:
Paradise now |
Sinopsis: Khaled y Saïd son dos jóvenes palestinos, amigos desde la infancia, a los que reclutan para llevar a cabo un atentado suicida en Tel Aviv. Después de una última noche con sus respectivas familias, de las que no les está permitido despedirse, parten hacia la frontera con explosivos pegados al cuerpo. Sin embargo, nada sale como estaba planeado y una serie de imprevistos les obliga a separarse. Solos, no les queda más remedio que enfrentarse a su destino y a sus convicciones... Esta película, rodada íntegramente en Nablus, propone una interesante visión de la vida cotidiana de personas en circunstancias desesperadas. Explora las legítimas razones de la resistencia a la ocupación sin justificar en ningún momento la pérdida de vidas humanas.
FICHA DIDÁCTICA
1. Objetivos pedagógicos:
2. Claves de trabajo para el profesorado:
El director de Paradise Now, Hany Abu-Assad, es palestino. Actualmente reside en Holanda, pero pasó gran parte de su vida en Israel. Sobre su identidad explica: "Soy palestino. Tengo pasaporte israelí, pero eso no significa que lo sea. Mientras Israel siga siendo un Estado judío, no podré ser israelí ya que no soy judío. No me opongo a que los judíos estén en Palestina, pero no puedo estar de acuerdo con un Estado que convierte a los habitantes en extraños en su país." Preocupado por la situación de opresión del pueblo palestino y la espiral de violencia en la que se ha instalado el conflicto entre israelíes y palestinos decidió hacer una película en la ciudad de Nablus, en Cisjordania, con el fin de ayudar a abrir la discusión pública sobre el conflicto, fijándose en algunos de los aspectos normalmente olvidados: "Con esta película sólo quiero dar pie al debate, un debate significativo referente a los temas reales que nos ocupan."
Y entre estos temas que Abu-Assad ha considerado necesario sacar a la luz, más allá del tratamiento habitual de los medios de comunicación, es el de los atentados suicidas. ¿Por qué este tipo de actuación? Preguntado sobre por qué había decidido hacer una película sobre esta cuestión, el director explica: "Cada día leemos en el periódico que ha habido un nuevo atentado suicida. Es un acto muy extremo y por eso empecé a preguntarme, al igual que todos, qué les empujaba a hacerlo. Entonces me di cuenta de que nunca les oímos a ellos, no sabemos qué piensan. ¿Cómo pueden justificarlo? No me refiero sólo a sus familias, sino también a ellos mismos. Aparte de cómo los juzguemos, tienen una historia, una lógica." El nudo de la película se encuentra, por tanto, en este intento de dar una oportunidad a que su actuación sea entendida, que no justificada. El distanciamiento de la película con la posición de los dos jóvenes, Saïd y Khaled, se expresa fundamentalmente a través del cuestionamiento que les hace Suha, la amiga de Saïd.
El planteamiento es inicialmente controvertido por el hecho dar rostro humano y tratar de entender las razones que llevan a un terrorista suicida a actuar como lo hace. Pero Abu-Assad considera que no se puede entender el fenómeno si no se entiende la dimensión de la ocupación israelí: "Creo que no me equivoco al decir que la ocupación ha creado a los suicidas. ¿Qué hace la ocupación con los seres humanos? ¿Qué es esta realidad?" Desde una posición favorable a la causa palestina, la película trata de explicar las razones de una estrategia de lucha con ésta, al mismo tiempo que polemiza con ella, abriendo espacio para el replanteamiento de otras opciones.
A medida que transcurre la película nos vamos dando cuenta de la dimensión y las implicaciones de la ocupación israelí. En Cisjordania la violencia se ha convertido en algo cotidiano. Las explosiones suenan con normalidad. Los controles militares son habituales. Las conversaciones giran necesariamente en torno a la violencia. Así, por ejemplo, Khaled escucha en el bar a dos hombres y el camarero discutiendo sobre cómo se debe tratar a los colaboracionistas y a sus familiares y amigos. La violencia y la represión están latentes. Pero también la imposibilidad de desarrollarse. Otro ejemplo. La noche antes de cometer el atentado suicida, Saïd va a visitar a Suha en su casa. Mientras prepara el te, ésta le pregunta si a estado antes en un cine. La respuesta de Saïd sorprende a la muchacha cuando éste le cuenta que sí, una vez, hace diez años cuando quemaron un cine. Extrañada le pregunta que qué les había hecho el cine, él le explica: "El cine no. Israel. Cuando Israel decidió no emplear trabajadores de Cisjordania hicimos una protesta. Luego terminamos en un cine y lo quemamos." Pero por qué el cine, sigue preguntando ella. "¿Por qué nosotros?" Se interroga él. La respuesta, formalmente, sigue sin parecer coherente, pero expresa de un modo muy profundo la sensación de injusticia que Israel comete con el pueblo de Palestina.
Esta situación de injusticia y opresión es interiorizada por jóvenes como Saïd o Khaled. Uno de las muestras más evidentes del profundo sufrimiento con el que conviven de forma íntima es la demanda de Saïd a Abú Karem, el responsable de la organización, para que le permita volver participar en el atentado suicida previsto, después de su primer intento fallido. En su explicación encontramos razones que tienen que ver con la humillación, vivida y heredada, y la impresión de que la presión de la ocupación es tal que para resistir ya no pueden hacer otra cosa que ofrecer sus propias vidas. Dice Saïd: "Yo nací en un campo de refugiados. Sólo una vez me permitieron salir de Cisjordania. Entonces tenía 6 años y necesitaba cirugía. Sólo esa vez. La vida aquí es como la vida en prisión. Los crímenes de la ocupación son incontables. El peor crimen de todos es explotar la debilidad de las personas y convertirlas en colaboradoras. Al hacer esto, no sólo matan a la resistencia sino que también arruinan familias, arruinan su dignidad y arruinan a un pueblo entero. Cuando mi padre fue ejecutado yo tenía 10 años. Él era una buena persona. Pero fue débil. Por eso, responsabilizo a la ocupación. Ellos deben entender que si reclutan colaboradores deben pagar el precio por ello. Una vida sin dignidad no vale nada. Especialmente cuando te recuerda día tras día, la humillación y la debilidad. Y el mundo observa cobardemente, indiferente. Si uno está sólo, enfrentando esta opresión tiene que encontrar una forma de detener la injusticia. Ellos deben entender que si no hay seguridad para nosotros, tampoco habrá seguridad para ellos. No se trata de poder. Su poder no los ayuda. Yo traté de darles este mensaje pero no pude encontrar otra forma. Lo peor es que convencieron al mundo y a ellos mismos de que son las víctimas. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede el ocupante ser la víctima? Si ellos adoptan el papel de opresor y de víctima, entonces yo no tengo más alternativa que ser también víctima y asesino al mismo tiempo."
La insistencia en que no queda otra forma de luchar es repetida una y otra vez por los muchachos y por los responsables de la organización. Dice Saïd: "Debemos continuar en nuestra lucha hasta el final de la ocupación. Nuestros cuerpos son lo único que nos queda para luchar contra la ocupación eterna." Antes la muerte que asumir la actual situación, infringir el mayor daño posible a Israel para que entienda que mientras sufra el pueblo palestino ellos no podrán estar en paz. En el camino hacia el lugar donde preparan a Saïd para el atentado, Jamal aprovecha estos últimos momentos para explicarle las razones políticas de su acción. Dice así: "¿Qué puede hacer uno cuando no hay justifica ni libertad? El individuo tiene que luchar por ellas. Si nos rendimos ante la ley según la cual el fuerte devora al débil entonces nos reducimos al nivel de los animales. Eso es intolerable. La muerte es mejor que la inferioridad. Quien lucha por la libertad, también puede morir por ella."
Antes de salir a cometer el atentado, Khaled, explica ante la cámara de video de su organización las razones de su acción. Dice así: "Como respuesta a la injusticia, a la ocupación y a sus crímenes y para fortalecer la resistencia he decidido llevar a cabo una operación de mártir. No tenemos otra forma de luchar. Israel ve la vida en común con los palestinos y su igualdad bajo el mismo sistema democrático como un suicidio para el estado judío. Ellos tampoco aceptan un compromiso de dos estados, aunque eso no sea justo para los palestinos. Nosotros debemos o aceptar la ocupación para siempre o desaparecer. Hemos tratado por todos los medios posibles de terminar la ocupación por medios políticos y pacíficos. A pesar de todo, Israel continúa construyendo asentamientos, confiscando tierra, haciendo judío a Jerusalén y haciendo una limpieza étnica. Ellos usan su maquinaria de guerra y su poder político y económico para obligarnos a aceptar la solución: que aceptemos la inferioridad o que seamos asesinados. Como mártir, no le temo a la muerte. De esta forma superaré sus amenazas y saldré victorioso sobre su fuerza militar y política. Déjenme morir como un mártir."
La película tiene la gran virtud de ayudarnos a entender las razones de una actuación que a menudo se nos presenta incomprensible. Dicho esto y entendida la legítima resistencia del pueblos palestino, Abu-Assad cuestiona la lógica de esta estrategia, considerando que lo único que provoca es que Israel se sienta legitimado para continuar sus intervenciones. Por boca de Suha, el director de Paradise Now, abre este cuestionamiento.
Khaled y Suha buscan desesperadamente a Saïd quien, tras fracasar en el intento de cometer un atentado, deambula por Nablus con el cinturón de explosivos aún pegado a su cuerpo. Suha acaba de darse cuenta de lo qué iban a hacer sus amigos y mientras Khaled conduce el vehículo, discuten acaloradamente sobre el sentido de la lucha armada y los atentados suicidas para la liberación del pueblo de Palestina. En esta controversia se encuentran expuestas las dos principales estrategias de lucha posibles para el pueblo palestino. Una es al de responder a Israel con la mayor violencia que sea posible, tratando así de doblegar al enemigo, haciendo inaguantable la ocupación. La otra es convertir la lucha palestina en una causa moral que impida a Israel seguir su estrategia de aniquilación militar, algo así como consiguió el movimiento anti-aparheid en Sudáfrica con Nelson Mandela a la cabeza. El diálogo es la clave del debate político sobre cómo responder a la ocupación y la opresión. Suha y Khaled dicen:
Suha: ¿Por qué
están haciendo esto?
Khaled: Si no podemos vivir como iguales, al menos moriremos como iguales.
Suha: Si pueden matar y morir por la igualdad deberían poder encontrar
una forma de ser iguales en vida.
Khaled: ¿Cómo? ¿A través de un grupo de derechos
humanos?
Suha: ¡Por ejemplo! Entonces al menos los israelíes no tienen una
excusa de seguir matando.
Khaled: No seas tan ingenua. No puede haber libertad sin lucha. Mientras haya
injusticia alguien debe hacer un sacrificio.
Suha: Esto no es sacrificio. Es venganza. Si matas, no hay ninguna diferencia
entre la víctima y el que ocupa.
Khaled: Si tuviéramos aviones, no necesitaríamos mártires.
Esa es la diferencia.
Suha: La diferencia es que el ejército israelita todavía es más
fuerte.
Khaled: Entonces déjanos ser iguales en la muerte. Todavía tenemos
el paraíso.
Suha: El paraíso no existe. Sólo existe en tu mente.
Khaled: ¡Qué Dios no lo permita! Que Dios te perdone. Si no fueras
la hija de Abu Asma
De todas formas, prefiero tener el paraíso
en mi mente que vivir en este infierno. En esta vida estamos muertos de todas
formas. Uno escoge la amargura cuando la alternativa es aún más
amarga.
Suha: ¿Y nosotros qué? ¿Los que nos quedamos? ¿Nosotros
ganaremos de esta forma? ¿No ves que lo que hacen es destruirnos a nosotros?
¿Y que le dan a Israel una excusa para continuar?
Khaled: ¿Entonces sin una excusa, Israel se detendrá?
Suha: Tal vez. Debemos convertirla en una guerra moral.
Khaled: ¿Cómo, si Israel no tiene moral?
La película, lógicamente, no puede abarcar todas las aristas del conflicto, pero ayuda a entender la situación de frustración y humillación que dificulta el desarrollo de otras estrategias de resistencias. Pero haberlas las hay, y también la película tiene el mérito de abrir esta discusión, tomando como interlocutores jóvenes palestinos que un día u otro pueden tomar el mismo camino del atentado suicida.
3. Elementos de debate: