4. Deuda externa y carrera de armamentos. Actividad posterior.

Puede resultar útil continuar la actividad relacionando la deuda externa con la carrera de armamentos, y, en particular, con las consecuencias de el endeudamiento de la compra de armas. Para hacerlo, se pueden buscar documentos y materiales específicos, como los contenidos en los anuarios del Centro de Investigación para la Paz (CIP), o bien, recurrir a un texto con valor literario como el que reproducimos a continuación:

TEXTO: EL ENVIADO ESPECIAL

«Señores Ministros, vengo en representación de mi Gobierno para felicitarlos por el grado de desarrollo que han alcanzado. Han demostrado ser un país en constante progreso, que cuenta con un pueblo trabajador y donde se ve que la gente vive bien. Pero también me han enviado para hacerles ver los peligros que los acechan. Hay enemigos que quieren atacarlos no sólo porque ustedes piensan distinto, sino también para quedarse con la explotación de las riquezas forestales que tienen en la provincia del Valle Verde. Son algunos países vecinos que, desde hace tiempo, están comprando armas».
Los Ministros se miraron, hicieron algunos comentarios entre ellos y, aún incrédulos, le manifestaron que eso no podía ser, puesto que, a pesar de que pensaban distinto, siempre habían tenido buenas relaciones y, además, con qué dinero iban a comprar armas sus vecinos si para alimentar a la población les habían pedido crédito, incluso, a ellos.
El enviado especial les respondió que los servicios de inteligencia de su país lo habían detectado, que mayores detalles no les podían dar, que les pasaban el dato para que tomaran las precauciones del caso y que por la estima que les tenían, estaban dispuestos a venderles armas, tanques, aviones, barcos y todo cuanto fuera necesario para defenderse.
Los Ministros replicaron: «¡No!, porque somos un país pacifista: no queremos pelear con nadie y, además, preferimos gastar esos dineros en construir casas, escuelas, hospitales, caminos, industrias».
El enviado especial les respondió: «Eso es el ideal, pero de nada les servirá, porque cuando el enemigo los ataque, arrasará con todo, por lo tanto, desgraciadamente, no les queda otra cosa que tomar todas las medidas necesarias». Y así, cumplida su misión, se volvió a su país.
Pasó el tiempo, hasta que un día, a pesar que los Ministros se resistían a ello, el país se vio envuelto en una larga y cruenta guerra que, a su paso, dejó en este país y en los otros, una estela de dolor y destrucción: muchos hombres, mujeres y niños muertos, la agricultura arruinada, casas, caminos, escuelas, hospitales y fábricas destruidos.
Cuando terminó la guerra, los hombres, las viudas y los huérfanos que se habían salvado, sentían profunda pena y dolor. Los países habían quedado en ruinas y sumidos en la miseria. Sin embargo, renacía la esperanza porque se iniciaba un camino para volver a conquistar la paz.
De inmediato, los Ministros se pusieron a buscar la forma cómo reconstruir el país, y en eso estaban, cuando nuevamente apareció el enviado especial. Lo primero que hizo fue mostrar su precaución por el estado en que había quedado y luego, ofreció ayudarles. Les manifestó que los banqueros de su país daban créditos especiales para este tipo de situaciones: préstamos para reconstrucción, para echar a andar la agricultura, para importar alimentos, ropa, medicinas, e incluso, para reponer el material de guerra que habían perdido, pues siempre hay que estar preparados. Señaló, eso sí, que habría que darle seguridad de pago por los créditos otorgados, para lo cual ellos ofrecían hacerse cargo de la explotación de los bosques de la provincia del Valle Verde.
Fue entonces cuando los Ministros descubrieron su parte de responsabilidad en la guerra y quienes eran los verdaderos interesados en ella.
Vicaría de Solidaridad, Programa de Formación en Derechos Humanos Unidad 13, Santiago de Chile, 1984.


DEBATE:

— ¿Quién sale ganando realmente con la guerra?
— Imagina que eres uno de los ministros, ¿qué le dirías al enviado?
— El armamentismo crece sin freno en el planeta y en cada uno de nuestros pueblos, ¿qué se puede hacer para controlarlo e invertir la tendencia?

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