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Introducción

Los medios de comunicación nos informan con frecuencia sobre diferentes desastres "naturales" ocurridos alrededor del mundo, y en especial en los países del Sur. Durante unos días, semanas a lo sumo, terremotos, huracanes, inundaciones o sequías protagonizan las páginas de los diarios o los primeros minutos de los telediarios. De forma casi inmediata las administraciones y las organizaciones de cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria se movilizan y hacen llamados a la ciudadanía pidiendo atención sobre la población afectada por aquel desastre, así como su solidaridad y colaboración económica. De esta manera, los considerados desastres "naturales" han acabado siendo una problemática habitual en el trabajo de información, sensibilización y captación de recursos de las organizaciones dedicadas al desarrollo y la ayuda humanitaria.

La realidad es que el incremento del riesgo y la vulnerabilidad medioambiental es creciente en todo el mundo. Según un informe del PNUD del año 2004, La reducción de riesgos de desastres: un desafío para el desarrollo, miles de millones de personas en más de cien países se ven expuestas periódicamente a algún terremoto, ciclón tropical, inundación o sequía. Aproximadamente el 75% de la población mundial vive en zonas que han sido afectadas, como mínimo, una vez entre 1980 y el 2000, por alguno de estos fenómenos naturales. Se ha registrado que estos desastres suponen unos 184 muertos por día en diferentes partes del mundo. Durante las dos últimas décadas, más de un millón y medio de personas han muerto víctimas de desastres. Pero la cantidad de víctimas mortales no deja de ser la punta del iceberg de una situación mucho más amplia y compleja. Además del número de muertos es necesario tomar en cuenta todo un conjunto de pérdidas en materia de desarrollo y el gran padecimiento humano que cualquier desastre comporta. Se calcula que por cada muerto hay unas tres mil personas expuestas a peligros naturales.

Igualmente, y pese a excepciones recientes como el del huracán Katrina, el agosto del 2005 en los Estados Unidos, los riesgos de desastre son considerados menores en los países de altos ingresos, en comparación con los de ingresos medios y bajos. Los países que registran un alto desarrollo humano suponen el 15% de la población expuesta a desastres, pero sólo sufren un 1,8% de las muertes por desastres. El impacto diferenciado que tuvo el huracán Katrina, antes mencionado, entre la población más pobre, nos informa también de la mayor vulnerabilidad en la que vive la población de más bajos recursos económicos en los mismos países ricos.

Pese a la gran información que genera cada uno de estos desastres, esto no necesariamente supone su comprensión por parte de la población, y especialmente por los jóvenes. La repetición de imágenes de las víctimas y las demandas económicas puede acabar provocando una sensación de sobresaturación y cansancio entre la ciudadanía. Por ello se considera necesario divulgar y facilitar el acceso a interpretaciones sobre estos fenómenos que tengan en cuenta explicaciones más complejas de sus causas. De esta manera, desde Alba Sud y Edualter pretendemos ofrecer una imagen más integral de las causas de los impactos sociales y ambientales de los fenómenos naturales y de las mismas acciones de prevención que se están llevando a cabo en diferentes países del Sur.

Cuando se informa o se pide la colaboración ciudadana ante un desastre "natural", a menudo se olvida que éstos se encuentran íntimamente relacionados con los procesos de desarrollo humano. Los desastres ponen en peligro el desarrollo de una determinada zona. Pero al mismo tiempo, las actuaciones en materia de desarrollo, llevadas a cabo por particulares, comunidades y naciones, pueden generar nuevos riesgos de desastres. Los ejemplos son numerosos:

  • El crecimiento de asentamientos informales y tugurios en las ciudades, alimentado por migrantes desplazados de otros países o de zonas rurales por la crisis de las agriculturas locales, ha provocado un enorme crecimiento de entornos habitacionales inestables. Estos asentamientos a menudo se encuentran ubicados en barrancos, zonas inclinadas, inundables o próximas a plantas industriales o sistemas de transporte nocivo o peligroso.
  • Los sistemas de explotación agropecuarios basados en la especialización y exportación hacia mercados lejanos y la intensificación de la producción con un uso generalizado de fertilizantes químicos ha provocado un incremento de la vulnerabilidad medioambiental en muchas zonas rurales, y en especial de los países del Sur.
  • La destrucción de los manglares para la construcción de enclaves turísticos ha generado una gran vulnerabilidad ante fenómenos como los ciclones tropicales o tsunamis.

La "gestión de riesgos" es el paradigma desde el que se está elaborando un marco de intervención social para prevenir y mitigar el impacto de los desastres.