Está entre las industrias que emplean un mayor número de niños, que trabajan en las condiciones más horribles hasta 20 horas al día, cada día, en la misma habitación en la que viven. Según el Departamento de Trabajo de EUA, en 1994 daba trabajo a 150.000 niños en Nepal, a un millón en Pakistán y a 400.000 en la India.
Los niños trabajan hacinados en habitaciones pobremente iluminadas. Frecuentemente desarrollan deformidades de la columna debido a estar largos ratos agachados, debilitación de la vista y irregularidades respiratorias debidas a la exposición crónica al polvo y a la pelusa de la lana en habitaciones insuficientemente ventiladas. Muchos niños no reciben ningún salario en absoluto.

Marcado de por vida

El proyecto Rugmark (Señal de alfombra) tiene como objetivo poner una cara sonriente como símbolo en cada alfombra o moqueta libre de trabajo infantil -¿Pero funciona?-. Informa desde la India Mukul Sharma.

Vinod, de diez años, del pueblo Dariyen en el estado de la India de Uttar Pradesh, ahora es una persona nueva. Trabajó dos años con un fabricante de alfombras y moquetas. Después de la prematura muerte de su padre, su madre le llevó a trabajar a un telar.

Vinod recuerda aquellos días horribles con profundo dolor. “Solía trabajar de 12 a 14 horas al dia en el telar. En un año no me pagaron ni un penique. Una semana después de incorporarme me colgaron boca abajo por una falta insignificante. Siempre que me hacía heridas al usar un cuchillo afilado para girar los nudos de la alfombra, me negaban cuidados médicos. En vez de ello me solían rellenar la herida con cola de pegar en polvo y quemarla. La carne y la piel se me solía quemar”.

Se liberaba de las garras del dueño del telar unicamente cuando los inspectores del Rugmark le localizaban durante una inspección in situ y le decian al manufacturador que o bien liberaban a Vinod y otros niños tejedores o desmantelaban el telar.

“Quiero olvidar aquellos dias”, sigue diciendo Balashraya, “El centro de acogida y rehabilitación para niños de Rugmark ha alterado mi vida”.

“Durante las vacaciones de Diwali,  cuando fuí a mi pueblo esta vez, mi madre estaba contenta de verme. Ella hacía hincapie en que tenía un aspecto cambiado y lleno de energia. Mi madre me dice que me concentre en mis estudios y lo considere como una misión”.

En las zonas de fabricación de alfombras tradicionales en Uttar Pradesh uno se encuentra con situaciones similares una y otra vez. “Tenemos por lo menos diez alumnos inscritos como Vinod en el centro de acogida - dice Ramahadni Yadar, un profesor de Balashraya- . La mayoría de ellos han desarrollado habilidades lectoras y de escritura. Tienen una especie de urgencia de hacerse economicamente independientes”.

Cuando vuelven a sus pueblos algunos de ellos intentan instruir a sus ‘hermanos’ en la unión y en la lucha por sus derechos y a no caer en la trampa de los magnates de la industria de la alfombra o de sus ganchos.

¿Quien sabe mejor que  ellos que sobre la esclavitud y su impacto? Y ¿Quien sinó puede luchar contra la subyugación con tal tenacidad y transparente honestidad?.

Rugmark llegó justo en el momento. Pero fue también el producto de un movimiento. Durante la crisis económica de los años 80, cuando el gobierno indio estaba loco por el intercambio extranjero, la industria de la alfombra, significó algo venido del cielo. Las ganancias de la exportación de alfombras fue un boom. Aunque también hicieron boom la cantidad de niños que trabajaron en los telares (de 10.000 en 1975 a 420.000 en 1989). La primera respuesta fue el lanzamiento en 1989 de la Coalición Surasiatica de niños en Condiciones Serviles (SACCS) que consistía en 60 organizaciones no gubernamentales y grupos propagandísticos , los cuales tenían como objetivo elaborar una propaganda nacional e internacional sobre el trabajo infantil, en especial en la industria de la alfombra.