Construyamos juntos una
"mundiarización diferente"

Cristophe Aguiton, Riccardo Petrella y Charles-André Udry

REVISTA VIENTO SUR
Núm. 42, Febrero 1999


[Este texto es un "documento de trabajo" que sus autores presentaron el pasado 5 de enero para el debate de la Asociación para una Tasa sobre las Transferencias de Capital al servicio de los Ciudadanos (A7TAC) y las demás organizaciones que convocaron el Encuentro alterativo a la Cumbre de Davos.]

La agenda de las prioridades de la gente de Davos no es la de los habitantes de la Tierra. Sus prioridades no tienen en cuenta las condiciones de vida, las necesidades, las aspiraciones y capacidades de los 5.000 millones de seres humanos, sino exclusivamente los intereses de los grupos sociales que, en todo el mundo, poseen la propiedad y sobre todo el poder de control y de decisión en materia de asignación de los recursos materiales e inmateriales del Planeta.

Las - decisiones que se han adoptado en el plano político, económico y social estos treinta últimos años han aumentado el desorden, las desigualdades dentro de los países y entre ellos, la violencia.

Sin embargo, el sistema que han producido -y que reproducen con tenacidad-hace aguas por todas partes. Incluso entre la gente de Davos se multiplican las voces que piden reformas urgentes en el corazón mismo de funcionamiento del sistema, como la "arquitectura financiera mundial". La fragilidad de ésta -debida, entre otras causas, a la inestabilidad de las tasas de cambio, a la volatilidad de los mercados, al desarrollo de los "productos derivados" y a las deficiencias estructurales de las instituciones (el FMI y el Banco Mundial) sobre las que reposa- está ya admitida por todos. La crisis mexicana de 1994 y la asiática desde 1997, no han sido más que confirmaciones importantes, cuyo precio han pagado sobre todo por las poblaciones locales (más de 200 millones de personas).

Es evidente pues, que no se puede construir el futuro del mundo a partir de las prioridades de la gente de Davos. Representan el pasado que sabemos inaceptable e intolerable.

La crisis es claramente el resultado de sus decisiones, no cae del cielo. Un decenio después de haber proclamado el "fin de la historia", y la llegada de un "nuevo orden mundial de prosperidad" basado en la "democracia de mercado", el capital financiero mundializado hace sufrir a la mayoría de las poblaciones trabajadoras del planeta el peso de una recesión internacional que se propaga, escalonadamente, a partir de Asia: recesión y deflación en la segunda economía del mundo, Japón; recesión e incluso depresión en diversos países del Asia del Este desde el primer trimestre de 1997; hundimiento desde hace seis años de la economía rusa y bancarrota financiera en julio de 1998; recesión brutal en Brasil, la primera economía de América Latina; comienzo de cambio de la coyuntura económica en los países de la OCDE.

Los mecanismos de esta recesión internacional del capitalismo, la última por ahora y que algunos quieren vender como la "primera crisis del capitalismo mundial", son conocidos: contracción de la producción y de los cambios; tendencia deflacionista, crecimiento masivo del volumen de los créditos acumulados por los bancos internacionales en países o grandes grupos industriales y bancarios; créditos que se transforman en deudas impagables; movimientos brutales de retirada de capitales de países por los grandes operadores financieros que viven de las rentas parasitarias de la inversión en obligaciones, acciones y otros "productos derivados".

Constructores de desorden, de desigualdades, de violencia

"La guerra de las estrellas" de Reagan y el avance tecnológico de los países de la OCDE, con el diferencial de productividad que se derivaba de ello, aceleraron la crisis de la economía soviética, una economía ya abiertamente enferma desde finales de los años 60, como confirmó el primer debate lanzado por la nomenclatura sobre la necesidad urgente de reformas. La tentativa reformista de Gorbachov, que se inscribía en lo que se ha llamado "el universo de la burocracia", reposaba sobre bases ya muy debilitadas. Contra lo que muchos esperaban, concluyó, con la presión de Occidente, en la implosión y el hundimiento de la URSS.

El fin de la llamada Guerra Fría no es ciertamente algo que debamos lamentar. Sin embargo, el paso del duopolio en términos de superpotencias militares al monopolio mundial ha tenido durante los años 90, entre otros efectos, la desestabilización de los frágiles equilibrios sobre los que había podido funcionar, Mal o bien, el multilateralismo internacional de las Naciones Unidas de los años 60 y 70 (tras el deshielo y la descolonización, frutos ambos de luchas sociales, culturales, democráticas y nacionales).

En diez años el sistema de las Naciones Unidas ha sido puesto KO, en el momento en que, ironía de la suerte, se celebraban, en 1995, el 50 aniversario de su creación y, en 1998, los cincuenta años de la declaración Universal de los Derechos Humanos. "La ONU ha muerto", exclamó el 26 de diciembre de 1998 el ministro belga de Asuntos Exteriores tras los últimos bombardeos de Irak por la aviación de EE UU y del Reino Unido.

Excluyendo la UNICEF (organización de finalidad humanitaria, cuyas finanzas dependen de las donaciones populares), las demás instituciones "mundiales" onusianas como la UNESCO, la FAO, la OMS, la OIT, la CNUCED han quedado considerablemente debilitadas y están luchando ahora por su supervivencia financiera.

El espíritu de cooperación y de solidaridad internacional (bajo la forma de ayuda "ligada") está en su momento más bajo (menos del 0,2% de su producto nacional cuando los países desarrollados se habían comprometido en 1980 a dedicarle al menos el 0,7%). "Ayúdate, y el cielo te ayudará" o "Forget aid, compete " (Olvídate de la ayuda; compite), es la nueva doctrina predicada e impuesta por los dirigentes de los países más poderosos. Así, las únicas organizaciones internacionales que tienen una influencia real sobre los asuntos mundiales son organizaciones económicas y financieras (el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio...) cuyas decisiones están muy a menudo influidas, o incluso preparadas por organismos técnicos privados como la Cámara de Comercio Internacional, el Club de Londres, los múltiples comités encargados de las normas y de los standards, que dependen financieramente y están bajo el control político de los países desarrollados.

Mientras tanto, el credo neomonetarista impuesto desde 1971 por Estados Unidos, la adhesión completa al funcionamiento de las "leyes del mercado" (que Georges Soros ha definido como "el integrismo del mercado") y las consiguientes oleadas, en todas partes del mundo, de medidas de liberalización, desreglamentaciones y privatización han devastado el ámbito político, debilitado las instituciones democráticas representativas y colonizado el Estado.

Por las opciones tomadas, la gente de Davos ha desmantelado el Estado del Bienestar y condenado la economía mixta, las cooperativas las mutuas, la concertación social, que estaba ciertamente ligada a una fuerte presencia sindical en EE UU y en Europa.

Han cambiado de arriba abajo las estructuras de empresa a golpe de fusiones, adquisiciones, alianzas estratégicas. El paisaje industrial y financiero está cada vez más dominado por redes de empresas gigantes que escapan a todo control político democrático (fondos de inversión, fondos de pensiones, hedgefounds -fondos de cobertura-...). Han cambiado la ética de la economía (oikos: reglas de la casa y oikonomos: el arte de bien administrar la casa) sacrificando el objetivo del bienestar social y del pleno empleo en el altar de la recuperación de la tasa de ganancia y del aumento del valor de los haberes de los accionistas.

Han transferido abiertamente el poder a las finanzas, y la soberanía a la política monetaria. Han impuesto la independencia de los Bancos Centrales respecto a la política pero no respecto a los mercados financieros y la ínfima minoría de operadores que los organizan y los explotan según sus intereses. Han reducido todo al estatus de mercancías, incluso el deporte, el arte, la cultura, hasta el ser humano (patentes sobre el genoma humano). Todo se ha convertido en recursos a explotar, a rentabilizar. Nosotros los humanos, también nos hemos convertido en "recursos humanos".

Pretenden haber promovido la emergencia de una cultura mundial porque han impuesto la globalización de los mercados de consumo de sus productos y de sus servicios.

En un mundo en el que han conseguido dar la prioridad a la acumulación monetaria y al valor mercantil de las "cosas", han contribuido a amplificar y a mundializar los fenómenos de corrupción. La liberalización de los movimientos de capitales desde 1974 ha facilitado mucho el reciclaje del "dinero sucio" -desde el de la droga o de la venta de armas, hasta el que genera la criminalidad banalizada de cuello blanco- en los paraísos fiscales legalizados y gracias al secreto bancario, por organizaciones financieras e industriales respetadas en países de excelencia, reputados por su seriedad y sus instituciones democráticas. A la hora de la mundialización predadora mercantil han conseguido incluso corromper los Juegos Olímpicos y su órgano supremo, el COI, lo que no extrañará quizá a los conocedores de la historia de esa institución.

Allí donde pretenden valorizar, gracias a las televisiones mundiales (como la CNN), a Internet y al ciberespacio global, a los operadores turísticos mundiales, a las tarjetas de crédito (VISA, American Express ... ), la diversidad cultural y las ganas de vivir juntos, su "globalización" no ha hecho más que avivar el miedo y el rechazo del otro, la intolerancia y el odio, los conflictos entre civilizaciones que se permiten cínicamente presentar como la forma de conflictos que dominara el futuro del mundo.

Además, el ecosistema Tierra está sometido a un saqueo incesante. Una paradoja entre otras: por "gestión integral y deseable" del Planeta no entienden cómo evitar producir cada vez más residuos y polución, sino cómo gestionar de forma rentable y privatizada esos mismos residuos. De ahí las soluciones centradas en los "mercados de los derechos a contaminar". La gente de Davos adora el objetivo "inflación cero" pero desconfía del objetivo "cero polución". Es que las externalidades negativas (las deseconomías, los costes sociales) no les preocupan gran cosa. Es el coste del progreso, dicen: "la humanidad debe pagarlo si quiere avanzar". La injusticia social, las desigualdades sociales que, para los desfavorecidos, avanzan junto con la degradación de su medio ambiente mis próximo, han existido siempre -afirman- y no se conseguirá nunca reducirlas, eliminarlas.

El archipiélago capitalista mundial

En definitiva, hablar de mundialización como hace la gente de Davos es simplemente una impostura. La realidad es que no hay verdadera mundialización de la sociedad, la economía, la condición humana. No hay mundialización de la regulación política, del Estado, de las instituciones democráticas que aseguren garantías y ejerzan un control sobre las decisiones que afectan a las diferentes regiones y poblaciones del mundo, en el interés general.

Lo que han construido estos treinta últimos años no es una economía mundializada, sino el archipiélago mundial de islas -grandes o pequeñas- en el que están concentradas las capacidades científicas y tecnológicas mundiales (más del 92% de los gastos de I+D del mundo, más del 90% de las patentes y de la potencia informática instalada...), la potencia financiera, el poder simbólico y mediático del tiempo presente. Una treintena de ciudades representa la infraestructura, el cerebro y corazón del archipiélago: Nueva York, Los Angeles, Chicago, San Francisco, Detroit, Miami, Toronto, Montreal, Houston, Londres, Paris, Francfort, Munich, Stuttgart, el Ruhr, el Ranstad holandés, Copenhague, Mildn, Roma, Madrid, Barcelona, Estocolmo, Tokio, Osaka, Nagoya, Shanghai, Sao Paulo, Hong Kong, Singapur... Se encuentran allí localizados los principales centros de negocios del mundo, los núcleos de las redes de comunicación y de información, las sedes sociales de las mayores multinacionales industriales, financieras y comerciales. La liberalización, la desreglamentación, la privatización, la competitividad han apretado los lazos existentes entre ellas más que los que hay entre ellas y el resto del mundo. La famosa "aldea global" no es más que un archipiélago.

La gente de Davos dice que la innovación que cuenta es generada y producida en y por esas islas, algunas de las cuales han sido elevadas al rango de paradigmas a universalizar (como Silicon Valley...). Según ellos estas islas están en el origen de la "nueva sociedad de la información" y estarían a punto de dar a luz a la "sociedad del conocimiento", el universo de la riqueza desmaterializada, los nuevos saberes. Por tanto, la única opción realista para las demás regiones del mundo sería intentar, a cualquier precio, agarrarse a una de las islas del archipiélago con la esperanza de convertirse luego en parte integrante de él. Los que no lo consigan serán -dice la gente de Davos- inevitablemente expulsados, no serán ni siquiera ya la periferia sino que estarán "fuera del futuro". La alfabetización "internética" se convierte en un paso obligado para el establecimiento de pasarelas y puentes con el archipiélago. Por esta razón la construcción de canales y redes del ciberespacio se convierte en todas partes en una de las prioridades más importantes, aún más que la creación de grifos de agua potable de los que, sin embargo, tienen una necesidad vital actualmente más de dos mil millones de personas.

Decididamente, la "globalización" actual ha expropiado la vida, los derechos de la vida. Los fenómenos de expropiación se han multiplicado y amplificado en todas partes. Se ha expropiado a las personas de sus derechos fundamentales: en tanto que "recurso humano" no tiene derecho a la existencia más que en función de su rentabilidad y de lo que se llama ya la "empleabilidad", concepto que ha reemplazado al de "derecho al trabajo".

Se ha expropiado a la sociedad de su razón de ser en tanto que sistema de organización y de valorización de los lazos interpersonales e interinstitucionales y de las interacciones y transacciones correspondientes: ha sido reemplazada por el mercado elevado al rango de sistema que asegura la forma y la organización óptimas de las transacciones entre los individuos; se ha expropiado al trabajo de su papel de creación de valor y de historia: "mercancía" puesta en competencia en el mercado global, su coste debe bajar sin cesar. También se ha expropiado al ámbito social de sus funciones de identidad y de solidaridad: no se valora más que el individualismo, la lógica de supervivencia y las relaciones de fuerza en un contexto de competición guerrera. Y a la la política se le ha privado de su papel fundamental de poder de regulación, de representación, de control y de legitimación, por supuesto democrático; este papel ha sido confiado a las finanzas y a la tecnocracia.

La cultura ha sido despojada de su variedad, dramaticidad y sacralidad: en su lugar se ha colocado la tecnología, la estandarización embrutecedora, la violencia de los instintos, la barbarie de la fuerza. La ciudad ha visto cómo le arrebataban su función de espacio de comunidades: se ha hecho de ella lugar de la no pertenencia, de los flujos, de la velocidad, por donde se pasa y por donde uno se pierde en un nomadismo permanente sin memoria.

La democracia ha perdido sus valores de libertad, igualdad y solidaridad: el poder efectivo se le ha dado a una nueva clase oligárquica mundial cuyos rasgos característicos, valores y modos de funcionamiento se comienzan a entrever.

La historia, sin embargo, no ha terminado. Millones de personas luchan contra las fuerzas de la expropiación y las lógicas del archipiélago capitalista mundial. Estos millones de personas no se limitan a resistir. Como ha demostrado la victoria que han conseguido contra el AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones), consiguen modificar, sobre cuestiones decisivas, el curso de la historia, pues saben también inventar, innovar. Están, por otra parte, construyendo, mediante la lucha, nuevos caminos. Están construyendo el devenir de los primeros decenios del siglo XXI. Y lo que es importante: aprenden también a luchar conjuntamente, a reflexionar y a pensar colectivamente, y paso a paso de forma convergente, sobre la otra mundialización. Están en el camino de una inevitable coordinación mundial. Lentamente, estamos llegando a la primera representación de una red planetaria.

Apropiémonos de nuestro futuro

Ante la potencia de las fuerzas sociales que dominan el archipiélago mundial, la apropiación del futuro del Planeta por sus habitantes no será fácil y no se hará a corto plazo.

Los expropiados del mundo hacen la experiencia y toman progresivamente conciencia de que deben concentrar sus luchas, experiencias e innovaciones sobre otra agenda de prioridades, otro "orden del día" que el de la gente de Davos, que deben darse un método de reflexión, pensamiento y acción autónoma para construir y promover otra narración del mundo, de la sociedad, de los principios éticos, de la economía, de las instituciones sociales que deben organizar una cierta jerarquización de su acción, identificando las tareas (y los objetivos a alcanzar) a corto, medio y largo plazo.

Los poderes existentes no lo necesitan. Para ellos, es más sencillo: para asegurar la perennidad de sus privilegios, basta con que se organicen para existir.

La prioridad: un Estado del Bienestar mundializado. Por el derecho a la vida para ocho mil millones de seres humanos que habitarán la tierra dentro de 20 años y por un ecosistema global sostenible. Es obligado constatar, vista la condición real de los 5.800 millones de personas existentes actualmente sobre la tierra y de los informes publicados estos últimos años por el PNUD, el PNUE, la FAO, la OMS, el Banco Mundial, Amnistía Internacional, Greenpeace, Oxfam, la OIT... que las luchas sociales más significativas y más duras que se desarrollan a través del mundo tienen como objetivo el acceso a la vida, a las fuentes de vida para satisfacer las necesidades individuales y colectivas básicas para la existencia. Se dan a propósito de la ocupación, la utilizació6n y el reparto de la tierra, sobre el derecho a alimentarse, de acceder al agua potable, de abrigarse del frío. Sobre el alojamiento, un hábitat digno de seres humanos. Sobre el derecho al trabajo, sobre las condiciones de trabajo, sobre el nivel de los salarios, y, más generalmente, sobre el derecho a una renta digna de un "ciudadano"; sobre los derechos de los niños (Convención Internacional de 1989) y, en particular, sobre los derechos de organización y a la educación del número creciente de niños que trabajan; sobre las libertades sindicales, el derecho de huelga, contra los cierres de empresas por razones de búsqueda de una mayor rentabilidad del capital. Sobre el acceso a la salud y a una educación básica para todos y todas. Sobre el derecho a la existencia y a la Seguridad Social, en caso de enfermedad, de accidentes; a las condiciones necesarias para vivir una vejez tranquila. Sobre la democracia, la vida en común, el respeto y el reconocimiento de los derechos humanos elementales de los inmigrantes, de los refugiados.

Todavía demasiado a menudo, estas luchas deben tratar sobre la liberación de la mujer y la igualdad de los derechos entre el hombre y la mujer. Finalmente, también sobre la defensa del medio ambiente y el derecho de las generaciones futuras a heredar un planeta en el que se pueda vivir.

La enumeración no es exhaustiva: el orden del día prioritario concierne a la vida, el derecho a la vida, el derecho de la vida. Sin embargo, de aquí a veinte años, dos mil millones de personas se añadirán a los habitantes actuales. Seremos ocho mil millones. La población de las islas del archipiélago mundial no aumentará. Los dos mil millones de seres humanos suplementarios irán a aumentar la población de las zonas y regiones fuera del archipiélago, es decir regiones expulsadas, desconectadas. Ya actualmente el 20% de la población más rica del mundo representa el 86% del consumo mundial, mientras que representaba el 72% en 1970. ¿Cuál será el porcentaje dentro de 20 años si las prioridades de la gente de Davos salieran adelante?

Una nueva generación de derechos

Por las luchas emprendidas, los expropiados/as del mundo estén en el origen de la definición de una nueva antropología de la vida mundial para el siglo XXI.

El reconocimiento del agua como bien común patrimonial de la humanidad es su símbolo más inmediato y evidente. Constituye igualmente el primer jalón concreto de base. En la misma lógica se sitúa la lucha capital por poner los recursos financieros al servicio del Estado del Bienestar social mundializado y de la creación de riqueza común en términos de bienes y servicios necesarios e indispensables para la satisfacción de las necesidades de base individuales y colectivas.

De ahí la importancia estratégica, en el marco del otro "orden del día", de una revisión profunda del "derecho de propiedad intelectual" que se ha convertido (caso de las semillas) en el instrumento clave a través del cual los detentores de capital, principalmente financiero, se han apropiado, estos últimos treinta años, de la propiedad y/o el control de la casi totalidad de los recursos materiales e inmateriales disponibles. Es urgente definir una nueva generación de derechos patrimoniales públicos relativos a los bienes y servicios considerados como indispensables para la supervivencia y el funcionamiento justo y eficaz de la sociedad y del ecosistema Tierra. Una prioridad, pues, estructurada sobre tres componente estrechamente ligados: el acceso a los bienes y a los servicios que pueden satisfacer las necesidades vitales (por ejemplo: el agua); las finanzas al servicio del Estado del Bienestar mundializado; la revisión del derecho de propiedad intelectual.

Redes solidarias

El método: partir de la organización en red de las experiencias innovadoras y de las luchas políticas sociales y económicas por una mundialización diferente.

Las acciones de reconquista de la Tierra por los campesinos en Brasil o en Madagascar, así como las de educación y animación rurales de las mujeres en Senegal; las batallas ejemplares de los obreros coreanos del Sur, la utilización eficaz de Internet por el movimiento zapatista en Chiapas o por Amnistía Internacional o por las esposas/madres/hijas de los "desaparecidos" bajo Pinochet en Chile y por las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina; el freno al proceso de privatización del agua en Montreal por la Coordinadora del Agua, así como la fundación de una ciudad de 30.000 habitantes en los alrededores de Lima (Villa San Salvador) inspirada por los principios del pleno empleo, el alojamiento para todos y la prioridad a los transportes públicos, las luchas contra el AMI, por la anulación de la deuda del Tercer Mundo, por la eliminación de los paraísos fiscales; las nuevas iniciativas por un verdadero cambio en el papel de los bancos (ecobancos, bancos neomutualistas)... y tantos otros, deben ser puestos en sinergia, en común. Para aprender a escribir la narración de la mundialización por los expropiados/as, por quienes están construyendo el futuro solidario y sostenible.

Las redes que actúan en esta dirección son múltiples y de diversas naturalezas que van del militantismo político radical a las formas de asociacionismo civil voluntario, moderado, reformista, humanitario. Cada red tiene un papel importante pero ha llegado el momento de estrechar los lazos, concentrar las convergencias, reforzar la comunidad de objetivos, de prioridades y de modos de acción.

Debemos dar la prioridad, en el terreno metodológico, a poner en común las experiencias de innovación y de lucha centradas en la superación del archipiélago capitalista mundial y construir un sistema de regulación política a escala mundial enteramente nuevo respecto al sistema de las relaciones interestatales de las Naciones Unidas y de la lógicas económicas y tecnocráticas de las instituciones de Bretton Woods (BM, FMI, GATT-OMC).

A partir de esta puesta en común para la acción -de la cual el Encuentro Alter Davos no es más que el comienzo- se puede alcanzar el objetivo, en un lapso de tiempo relativamente corto, de definir y hacer operativa la narración de la otra mundialización. De aquí a tres o cuatro años, será posible hacer funcionar, con fuerza política creciente, la primera representación de una red planetaria. Conforme a las prioridades del "otro orden del día", las principales tareas a corto plazo sobre las que debemos continuar trabajando, reforzando nuestra coordinación, son:
Las principales tareas a medio y largo plazo son: